Sé que así no se estrena un blog, hablando de un tema a las bravas, sin presentarse primero. Pero ser madre es lo que tiene, que siempre te pilla con el paso cambiado. Que tú en tu imaginación te has compuesto una horita de portátil en ristre (y poner en marcha este blog que te ronda la cabeza desde hace semanas, incluso meses) mientras tu hijo construye un Lego, y antes de que acabes de logarte, escuchas la banda sonora de tu vida desde hace dos años: “¡¡mamiiii veeeen!!”. Y claro, tú vas, porque el blog está muy bien, pero probar la autocaravana recién construida está mejor, que ya te lo dice él.
Y esto es lo que me ha pasado con la realidad, que me ha arrollado escogiendo tipos de letra, colores y fotos, y escribiendo la primera entrada perfectamente estructurada en mi cabeza y sólo ahí (que tendrá que ser la segunda o cuando mamá-ven dé un respiro). Así que en medio de la decisión de si arial o verdana, oigo en las noticias un término que me parece muy moderno y me llama la atención: el pin parental.
Y esto es lo que me ha pasado con la realidad, que me ha arrollado escogiendo tipos de letra, colores y fotos, y escribiendo la primera entrada perfectamente estructurada en mi cabeza y sólo ahí (que tendrá que ser la segunda o cuando mamá-ven dé un respiro). Así que en medio de la decisión de si arial o verdana, oigo en las noticias un término que me parece muy moderno y me llama la atención: el pin parental.
Libertad para educar o educar contra la
libertad[1]
Confieso que hasta ahora no le había
prestado mucha atención a eso del control parental en los aparatos con pantalla
porque los educadores de esta casa nos cuidamos mucho de introducir la
contraseña de la tablet cuando el educando está distraído. También encendemos
poco la tele, así que supongo que por eso nuestro hijo tampoco lo hace. O sea,
que esto del pin me ha pillado un poco despistada, y mi lado derecho del
cerebro (el creativo) se fue al pensamiento pickleriano de que
debía de ser alguna app con la que los padres podrían participar en la
educación de sus hijos según el interés de los mismos. Todo muy
romántico. "Pues sí que está avanzado el sistema educativo público murciano",
pensé. Pero claro, no era eso.
Esto a lo que le han puesto el nombre tan
innovador de pin parental es algo tan arcaico y casposo como
el hay-ropa-tendida de nuestras
abuelas. Una antigualla, vaya. Aquello de no hablar de según qué cosas delante
de los niños ya no es de este tiempo, porque afortunadamente, desde 1950, a
estos seres pequeños con los que compartimos vida se les reconoció como
seres humanos que deben ser capaces de desarrollarse física, mental, moral y
espiritualmente con libertad y dignidad, vamos, se les reconoció como
personas de pleno derecho. Y por eso, si tú te agachas y te pones a su altura,
y utilizas palabras sencillas, los niños son capaces de entender todo lo que
les expliques. Sí, también que la clave de la convivencia es respetar, sobre
todo al diferente.
Y como los niños del pin serán los compañeros, jefes, subordinados, vecinos, quizás amigos, amantes e incluso parejas del que a mí me corresponde educar más directamente; y como lo que a mí más me interesa es que sea feliz y respeten sus diferencias, mi propuesta es desbloquear el pin y resetear a esos padres empeñados en introducir la contraseña errónea para que puedan, por fin, salir del armario en el que se han quedado encerrados, y darles la bienvenida al mundo real.
Y como los niños del pin serán los compañeros, jefes, subordinados, vecinos, quizás amigos, amantes e incluso parejas del que a mí me corresponde educar más directamente; y como lo que a mí más me interesa es que sea feliz y respeten sus diferencias, mi propuesta es desbloquear el pin y resetear a esos padres empeñados en introducir la contraseña errónea para que puedan, por fin, salir del armario en el que se han quedado encerrados, y darles la bienvenida al mundo real.
Fuente: Dibujo de niño o niña de 1ºESO


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