El miedo a ser demasiado feminista

                                   "Nunca sabemos realmente dónde se producirá el próximo gran descubrimiento científico, ni quién lo hará"
Stephen Hawking
Ni si será hombre o mujer.


La semana pasada se celebró el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia y fui invitada, junto a otras compañeras de profesión, a dar una charla como mujer de ciencias a algún colegio o instituto. Como el propio nombre del día indica, yo pensaba hablar de ciencias y de chicas, fundamentalmente, por me sorprendió que algunas de mis compañeras temieran dar una ponencia “demasiado feminista”. A mí, que me sale la vena literata a la mínima ocasión, el adjetivo calificativo me dio qué pensar. ¿Es que se puede ser demasiado feminista o sólo un poco feminista? Y como mi otra vena, la de maestrita, me lleva a consultar la RAE para asegurarme, encontré que la definición de feminista es “partidario del principio de igualdad de derechos de la mujer y del hombre”. Para empezar, pone “partidario” y no “partidaria” y, además, menciona algo que no tiene medias tintas. O estás con la igualdad de derechos (ojo que la palabra clave es derechos) o no lo estás. Así que, parece que “ser feminista es la única opción decente en nuestro mundo”[1].


Yo sé que lo que les pasaba a mis compañeras es que temían que, dirigiéndose sólo a las chicas, los chicos se sintieran excluidos. Sin entrar en lo excluidas que se (nos) han (hemos) podido sentir las chicas de ciencias históricamente en clases abarrotadas de chicos, equipos de trabajo en los que la testosterona monopoliza las conversaciones, una baja por embarazo antes del parto es vista como síntoma de flaqueza y los dolores menstruales no existen. Sin entrar en la adaptación al medio que todas hemos llevado a cabo naturalmente, creo que no es malo aprovechar este día para dirigirnos a ellas y, de paso, molestarnos en saber un poco más de lo que han hecho las mujeres también en ciencia. Porque, es verdad que creo que ahora ya nadie intentaría impedir a una niña estudiar ingeniería, robótica o informática, si es lo que le gusta, pero me voy más atrás, bastantes años antes, donde seguramente empieza el problema: ¿se le ocurrirá a esa niña estudiar ingeniería si sus amigas van por mixtas o por letras, si se siente cohibida por los chicos y ve la clase de ciencias repleta de ellos, si mira alrededor y sólo ve a hombres que lo han logrado? “¿Cuántos arquitectos famosos conocéis?”, les pregunté. Sólo supieron decirme nombres de hombres. ¿Y qué estudiaban las mujeres mientras ellos se hacían arquitectos? Pues algunas lo mismo, pero no se ha hablado tanto de ellas, no han recibido tantos premios ni tantos encargos notables.

Afortunadamente, el problema se ha visibilizado; es más, nos hemos dado cuenta de su existencia. Cuando estás dentro, casi pasa desapercibido, o más bien, no le prestas atención. Tú te acercas al resto de chicas aplicando la sororidad en estado puro: te haces amiga de todas las de tu clase. Hay más chicos, sí, ¿y qué?, piensas, no ¿por qué? Será que a las chicas no les gusta las ciencias. Pero resulta que las amigas de mi hijo también hacen experimentos con tierra, jabón, sal y lo que dejemos a su alcance, por ver qué pasa; también desmontan los juguetes, por saber qué tienen dentro; construyen Legos y arrojan cosas al aire, y observan cómo y dónde caen. ¿En qué momento ellas dejarán de tener curiosidad? Pues seguramente nunca si se les acompaña en el proceso de descubrimiento. Hay estudios que afirman que cuando en un instituto una clase tiene una profesora de alguna disciplina STEM[2], más chicas deciden irse por esa rama. Así que, sí, a las chicas les faltan espejos con reflejo femenino. Y es así en muchos ámbitos.

También la semana pasada escuché por casualidad (si es casual pegar la oreja en el metro a un diálogo ajeno) una conversación entre dos chicas muy jóvenes. Hablaban sobre el deporte que practican. Una de ellas mencionó las ganas de una tercera de poder, por fin, jugar con chicas. Ambas coincidían en que tenían que publicar entrevistas de las compañeras porque “si tú eres talona y ves que yo, que he logrado llegar más arriba, también lo soy, te vas a animar”. El deporte que practican es rugby. 

Estas chicas de 18 años lo tienen muy claro, las alumnas de 4º ESO que me escucharon el 11F lo tienen muy claro, incluso sus compañeros lo tienen muy claro. Faltan referentes. La necesidad de crear un día internacional de la mujer y la niña en la ciencia también lo deja muy claro. La semana de la ciencia así, en general, ya se celebró hace un par de meses, la pasada tocaba hablar de otra cosa porque, como comentó un amigo (hombre) cuando le hablé sobre el 11F, cuando se habla de un tema es que hay cosas que decir y hacer. De lo que ya se ha resuelto, no se habla.


[2] Science Technology Engineering Mathematics

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